Crónica del Ironman de Niza 2010. (Ironman France 2010). Clasificaciones y fotos

Prólogo perfectamente prescindible…

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Con toda sinceridad, considero que estas proezas carecen de mérito alguno. Todos los que nos embarcamos en proyectos de esta índole, compartimos un mismo gen que nos convierte en inquietos por naturaleza. No tenemos elección.

Echando la mirada atrás y desde que soy consciente de mi existencia, he estado buscando mis límites y a través de ellos, me he ido formando y definiendo como persona.
A menudo y ante la pregunta del por qué nos enfrentamos a retos extremos, respondemos que es por un tema de superación personal.
Esto es cierto y así lo siento, pero hay algo más. Hay algo ancestral, estrechamente ligado a la naturaleza que nuestra forma de vida rutinaria, sedentaria y urbana ha alienado hasta el punto de perder conciencia de ello.
Cuando llevas horas compitiendo y rindiendo al máximo en soledad, algo parece conectar. En ese momento te sientes vivo y más animal que ser humano. Tus funciones neuronales se limitan a las necesarias para la actividad que estás desarrollando y esto te permite leer con más claridad los mensajes que te envía el organismo.

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No recuerdo con claridad cuando fue la primera vez que oí hablar del Ironman. Si recuerdo que fue durante la adolescencia y la idea con que me quedé, es que en Hawai se celebraba una competición que reunía a un grupo de superhombres que se disputaban el galardón de deportista más completo del mundo.
Esa idea se quedó grabada a fuego. Tenía la absoluta certeza de que algún día sería un hombre de hierro. ¿Cómo y cuando? Ni idea… Era arrogante y adolescente. Sólo tenía una neurona y para colmo estaba dedicada a otros menesteres.

Con los años esta idea permaneció intacta, pero en algún lugar recóndito del cerebro, donde residen todas aquellas ideas que algún día te prometiste que harías y que está protegida por un mecanismo de autodefensa que replica el mensaje: “Este no es el mejor momento; No tienes suficiente tiempo..”.

Un golpe de suerte me sirvió para rescatar esta idea. Dos buenos amigos, Luis y Kike, se plantearon el reto de finalizar un Ironman con fines solidarios, para llamar la atención sobre la Fundación Pablo Horstman y recaudar fondos entre amigos y conocidos.
Esta idea me pareció fabulosa. Mejorar la calidad de vida de niños en África, a partir de una actividad tan egocéntrica como un Ironman, le daba un sentido mucho más amplio.

Pero una decisión así, si estás casado y tienes dos hijas como es mi caso, no se debe tomar ni en solitario, ni a la ligera. No estaba dispuesto a renunciar al tiempo que paso con mis hijas Patricia y Rocío, pero si intuía que la mayor perjudicada sería mi mujer, Sandra.
Ella sabía lo que significaba para mí, así que a pesar de que no le hacía mucha gracia, decidió apoyarme al 100% y acompañarme en el camino. Sin ella, no lo conseguiría.

La decisión estaba tomada y quedaban 10 meses para el Ironman. La elección había sido la más lógica para alguien con el dichoso “gen de la inquietud” . Ya que vas a hacer un Ironman, que sea el más duro y entre Lanzarote y Niza optamos el segundo por disponibilidad y fechas.
Ahora sólo quedaba un pequeño detalle… Nunca había nadado más allá de “ir hasta la boya” en verano y nunca había montado en bicicleta de carretera. Mi experiencia se reducía a salidas esporádicas con amigos en la MTB. De modo que mi único aval, consistía en la participación en un maratón y un maratón alpino.
Concluyo que ser padre es como ser adolescente, vuelves a perder neuronas y las que te quedan están centradas en que tus hijos sobrevivan a los peligros de la jungla asfáltica.

En este momento saltó la alarma: ¡Organización! Esto es serio. Ya no se trata de correr durante unas horas y acabar en mejor, o peor tiempo. Son tres disciplinas, durante mediodía completo si todo va bien, con una altimetría que asusta y una temperatura en el maratón que puede llegar a ser peligrosa si no estás preparado.

Las primeras medidas fueron apuntarnos a un club (Ecosport), para recibir el entrenamiento adecuado y a varias competiciones, entre ellas un olímpico (Garmin Barcelona) y a un 1/2 Ironman (Elche) para ir adaptándonos a la distancia y transiciones.

Los primeros meses fui tocando tímidamente cada una de las disciplinas. La natación, muy diferente de lo que imaginé a priori por estar muy focalizada en la técnica, consistió en habituar al cuerpo a tragar más de dos litros de agua con lejía. Algo que sin duda me vendría bien de cara al Ironman como más tarde descubrí.

La bici fue algo más llevadera, o al menos en los tramos llanos. Los escasos puertos que iba probando, eran auténticas torturas y derivaban en pájaras seguidas unas de otras.

En cambio en la carrera a pie fenomenal. Más que nada, porque sólo corres dos o tres días a lo sumo y las sensaciones son mejores que cuando sólo practicas esta disciplina.

Conocí el fenómeno de la superalimentación. Podía comer toneladas de chocolate y bollería industrial y en cambio perdía peso sin parar. Esto de por sí, debería convencer a mucha gente a embarcarse en esta locura.

Tras un par de meses buenos, comenzó el calvario. 6 meses de continuas lluvias! No había contado con esto y si cae una gota de agua, yo no cojo la bici. No tengo la suficiente confianza ni destreza para jugármela. De modo que empezaron las largas, interminables, e ineficientes horas encima del rodillo.

Se iba acercando inexorablemente la fecha y yo seguía sin hacer los deberes. Tenía la última cita antes del gran día: El ½ Ironman de Elche. Disfruté una barbaridad y nada consiguió borrar la sonrisa de mi cara. La sensación de estar rindiendo tan bien durante tanto tiempo, indescriptible y los tiempos muy inferiores de lo que en mis más optimistas previsiones había realizado.

Esto me dio confianza de cara a Niza y acompañado del buen tiempo que por fin parecía llegar, me impulsó a entrenar más y mejor. Tan sólo quedaba mes y medio, pero no sería trabajo en balde.

Lo del buen tiempo fue un espejismo, pero aun así, el entrenamiento fue saliendo. Ya no quedaba nada, pero me inquietaba el tener que estar fuera de casa más tiempo. Sandra aguantaba bien y de hecho me animaba a sacar las horas necesarias. Probablemente llevaba peor yo el cargo de conciencia de no estar las mañanas de los sábados con las niñas.

Transcurrieron los días y por fin llegó el gran momento. Sandra y yo nos disponíamos a ir. Todo estaba preparado, la bici desmontada junto a todo lo necesario, pero nada nos había preparado para otro aspecto ajeno a la prueba: Huelga de controladores en Francia! Luis y Kike llevaban en el aeropuerto un día entero, les habían bajado de 5 aviones y sus maletas (bicis) paseaban de un lado a otro. No necesitábamos otro factor de ansiedad más…

Finalmente nosotros pudimos viajar sin problema, no así ellos, que terminaron en un aeropuerto a 500km y sin bicis. Tras alquilar el único vehículo disponible, llegaron a Niza y tras horas y horas de llamadas, localizaron las maletas que aparecieron en el aeropuerto de Niza a altas horas de la madrugada.

Ya estábamos allí. Era fantástico respirar el ambiente deportivo. Niza se convierte en un auténtico parque temático dedicado al Ironman. El tratamiento desde que llegas al aeropuerto, es el de deportistas de élite y estrellas invitadas para la ocasión. En el momento en el que te registras, te tatúan, te ponen tu pulsera fosforita, tu discreta mochila Ironman y ya es imposible pasar desapercibido.

Sandra en la zona de entrada a meta

El fin de semana fue increíble, disfrutando con los amigos, de las comilonas de pasta, viendo tantos atletas de aspectos imponentes, bicis atómicas, etc… Este era nuestro momento.

El sábado decidimos irnos pronto a la cama (cuando digo decidimos, me refiero a Sandra). No hizo falta usar el despertador para despertarme a las 4.00am, desayunar el yogur con muesli y plátano y ponerme el disfraz de triatleta profesional.

El camino hacia la salida, muy impactante. 2800 atletas en silencio, a oscuras, concentrados, con los nervios precarrera y visualizando el largo día con la mirada perdida en el horizonte.

Últimos abrazos y ánimos antes de la salida, como siempre, parece que hay 2800 españoles porque sólo se nos oye a nosotros y con el primer rallo de sol: “PUM”. Todos al agua y con una sonrisa empiezo a intentar nadar.

La natación se quedó en eso, en intentarlo, porque creo que no conseguí nadar un metro de los 3800 sin recibir manotazos, patadas, pasar por encima de otros… Como dice Sandra, éramos atunes en mitad del mar y esa descripción es perfecta.

Sector de natación, camino a la primera boya

Con una buena irritación en la nuca, consigo salir y me dispongo a afrontar la parte que peor llevo, no tanto por la preparación física, que también, si no porque me aterran los descensos. Tengo un vértigo atroz y especialmente desde que días atrás se me salió la rueda trasera bajando un puerto.

Primera transición tras la natación


En los primeros 20km llanos, a pesar de que voy fuerte, me adelanta tanta gente que pienso que he debido quedar 5º en natación, porque si no, no es posible… Pero el km20 pone a la gente en su sitio. Empieza un ascenso continuado, que constituye el plato fuerte de Niza junto a las altas temperaturas. Me llevo una alegría cuando Kike me da alcance, alentado por Sandra, sabe que estamos cerca. Todo el ascenso se hace muy llevadero por la compañía y por la ilusión. Voy muy bien! Pasando mucha gente y sólo noto la tripa un tanto revuelta por tanta agua injerida y el maillot mojado, junto a los geles y barritas que terminas odiando.

Ascendiendo al col junto a Kike con cara finjida de sufrimiento...


Ascendiendo el col


Pasan los km y culminamos el último de los puertos, que marca el inicio de 35km de descensos, algunos de ellos bastante peligrosos desde mi punto de vista, con innumerables curvas de herradura y desniveles importantes.

Ahora si que empiezo a pasarlo mal. Hago lo imposible por mantener la bici a 34-35km/h, más despacio de las medias que marco en llano y la gente me pasa rozando a 60-70, lo que acrecenta mis temores.

Lo paso realmente mal y empiezo a recibir mensajes negativos. Quiero que acabe esto ya y me siento estúpido viendo como me pasa todo el mundo sin esfuerzo alguno. Para colmo, un abejorro se me mete en el maillot y me pica en el pecho! Qué dolor!

Bueno, como todo, este tramo también pasa y para subir algo la moral aprieto en los últimos 20km acoplado con el viento en contra.

Acoplado en la entrada a Niza por el camino de los ingleses

Ya lo tenía. Sólo quedaba el maratón y ahí no hay miedos posibles. Sé lo que es y de piernas estoy muy bien. No noto nada de fatiga… Dejo la bici y salgo corriendo con brío. Veo a Sandra que me grita de ilusión. Qué emoción!!! Y pobrecita, estaba negra cuando por la mañana la había dejado pálida. Es decir, que llevaba el día entero bajo el sol, esperando ese momento.

Corriendo por la promenade. Comienza el maratón


Al cabo de 5km me da por mirar el GPS y me doy cuenta de que he hecho un minuto por kilómetro menos de lo que debería haber hecho. Esto me puede pasar factura, pero no es así, lo que me sucede es algo inesperado y es un dolor intenso de tripa, que no consigo paliar de forma alguna. Que desesperación, con lo bien que me encontraba. Ahora sólo puedo mantener un ritmo agónico, hasta llegar a los diferentes avituallamientos donde andaba.

A partir del km20 el dolor se hace soportable y de nuevo adopto un ritmo sostenido, aunque ya no tengo la motivación de hacer buen tiempo y procuro ser racional. Lo importante es garantizar que llego. Ansío la pulsera blanca que llevan algunos!

El inicio de la tercera vuelta es sensacional. Un cúmulo de sensaciones empieza a aflorar. Ya no tengo ninguna duda. Acabaré. Sigo corriendo con la sensación de ir flotando en una nube, aupado por los ánimos de todo el mundo y especialmente los de Sandra y Dani, un español desconocido que se desgañitaba al verme pasar y que más tarde supe que era redactor de FINISHER y me brindaría la oportunidad de contar la crónica de esta carrera (nº 119).

Ya veía la meta!!! Apreté con la piel de gallina y un nudo en la garganta, cogí de la mano a Sandra y me dispuse a cruzar la meta con ella. Mil pensamientos pasaron por mi cabeza en apenas unos segundos: Mis hijas, los amigos y familia que seguramente estarían siguiendo el momento a través de Internet y lo vivirían con tremenda ilusión, Luis y Kike, que sabía que habían acabado y marcando unos tiempazos y los fondos que se recaudarían para la fundación… El sueño de un niño hecho realidad.

Entrando a meta con Sandra


Finisher Ironman France 2010


Tener alguien con quien compartir un momento así, es muy especial y Sandra estaba conmigo, con una sonrisa radiante y disfrutando del momento tanto como yo. Los primeros metros tras cruzar la meta son bastante impactantes. Un hospital de campaña con decenas de corredores desfallecidos y otros tantos que acuden en volandas. Esto me hace aceptar la manta térmica que me ofrecen ante mi sorpresa (35-37º) y que agradecí enormemente minutos después.

Con mis mejores deseos y comprensión hacia los caídos, me voy a por mi medalla y a reunirme con Luis, Kike y Hugo. Habíamos acabado todos! Cuantas veces habíamos pensado en este momento.

Manta térmica y recogida de camiseta tras la carrera

Era momento de disfrutar! Tanta tensión acumulada había dejado lugar a una placidez absoluta. Sorprendentemente bien físicamente y sin pausa, ducha rápida y a cenar de nuevo a Niza para compartir vivencias y anécdotas del largo día.

Cena post Ironman en Niza

El avión de vuelta, no exento de problemas, fue de festejo y alegrías compartidas. Estábamos deseando llegar a casa y hacer partícipes de esta aventura a toda la gente que nos había apoyado en el trayecto. Mi madre me recibió entre lágrimas y el resto de familia no fueron menos efusivos. Mi hija mayor, Patricia, no se quitó la medalla en todo el día y Rocío no dejó de darnos achuchones.

Sólo había transcurrido un día y algo empezó a inquietarme. Ya conozco esta sensación, pero nunca había sido tan inmediato, así que no daba crédito. De nuevo el gen se estaba apoderando de mi criterio. ¿Próximo reto? La respuesta era sencilla y estaba ahí: Ironman Austria 2011
¡Nos vemos allí!

Esta crónica ha sido publicada previa edición, en el número de Agosto de la revista Finisher Triatlón en la edición de Agosto de 2010.

Una mención especial para Marcel Zamora, ganador por 5º año consecutivo del Ironman de Niza. Absolutamente inhumano y una persona muy accesible y llana.

Junto a Marcel Zamora en la feria del Triatlón en Niza

Clasificaciones Ironman Niza 2010

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Acerca de Guser

Business Consultant en Arval - BNP Paribas Group Postgrado en IDE-CESEM - Dirección Comercial y Marketing Postgrado en CICE - Dirección de Arte y Comunicación
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8 respuestas a Crónica del Ironman de Niza 2010. (Ironman France 2010). Clasificaciones y fotos

  1. Rosa dijo:

    Vaya Gustavo! he recaido en tu blog biuscando info de la zona en la que entreno. Me ha encantado tu crónica y mi mas sincera enhorabuena. Aprovecho para saber si conoces alguna manera de conectar La Moraleja con el carril bici de Montecarmelo.
    Gracias

    • guser dijo:

      Hola Rosa, me alegro de que te haya gustado el blog.

      Llegar al carril bici de Montecarmelo desde la Moraleja, es muy sencillo. Desde el Encinar de los Reyes, a pocos metros del centro comercial, tienes un acceso a Sanchinarro. Desde ahí y siempre dirigiéndote hacia la derecha, conectas con el carril bici de Las Tablas cruzando el puente que conecta Sanchinarro-Las Tablas. Ese carril bici te lleva directa a Montecarmelo.
      Si vives en el Soto, o Arroyo de la Vega, tienes la opción de coger el un tramo de carril detrás de Alcampo que te lleva hacia la carretera de Colmenar y cuando llegas a esta, si optas por dirigirte hacia Madrid y no hacia Colmenar, también conectas con Montecarmelo.
      Espero haberte ayudado.
      Un saludo

  2. CELINA dijo:

    Hola Gustavo, yo también acabo de llegar accidentalmente a tu blog tras consultar información sobre la media maratón de Somosierra. He leído la crónica de 2007 cuando participaste con unos amigos y me decidí a investigar el resto. Un placer conocerte, enhorabuena por tus logros y si no te importa, te añado a mis favoritos. Mi blog se llama Más vale lenta que nunca. Un saludo

  3. guser dijo:

    Igualmente Celina. Suerte con tus objetivos y enhorabuena por el blog.
    Este lo tengo un poco olvidado por falta de tiempo. Seguimos saliendo los miércoles por la noche, pero no dejamos constancia de ello.

  4. guillermo dijo:

    enhorabuena gustavo.
    yo este verano debuté en el IM de Austria y absolutamente te lo recomiendo. (fui con mi mujer y mis dos hijos y todos lo disfrutamos a lo grando. es muy buen sitio para ir en familia por el lago y facilidades que tiene para las familias)
    he llegado accidentalmente al blog buscando información sobre Niza y su IM, al que estoy dudando de ir este verano.
    en breve tomaré la dicisión

    • Guser dijo:

      Hola Guillermo. Muchas gracias por las felicitaciones.
      El Ironman de Niza tiene un recorrido precioso, la organización es increíble y tanto el ambiente, como la animación, son impresionantes.
      No obstante, para los niños no me convence. La ciudad en sí no es atractiva, las playas son de piedras realmente incómodas y el día de la prueba, no está tan preparado para que puedan verte en algún momento, como lo está Austria.
      Respecto al recorrido, el ascenso es relativamente duro, pero a partir del 120 se baja. La carrera es agónica por la monotonía del recorrido y la temperatura.
      Respecto a Austria, si pudieras aconsejarme algún hotel para ir con mi mujer, te lo agradecería. No encontramos habitaciones disponibles.
      ¿Me puedes contar algo del sector ciclista? Le tengo pánico a los descensos algo técnicos y si es con lluvia, ni te cuento…
      Gracias y suerte!

  5. Octavio dijo:

    Hola Gustavo. Nunca había leído una crónica tan bien explicada y útil de un Iron Man, me viene de perlas porque este año voy a Niza. Muchas gracias por compartirla y mi más sincera enhorabuena.

    • Guser dijo:

      Octavio, siempre es un orgullo recibir comentarios positivos, pero más en tu caso viniendo de un profesional. Te deseo mucha suerte en Niza. Seguro que disfrutarás mucho!

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