¿Gus de la jungla?

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Crónica Ironman 70.3 Alcudia 2012

Sufrimiento. Mucho sufrimiento es lo que hemos compartido en Alcudia este año…

 El viernes se antojaba muy bonito todo. Salimos a rodar desde Alcudia hasta Pollensa y las medias eran altas sin apenas esfuerzo en comparación con nuestra ruta habitual por el carril. Fuimos a nadar  y la temperatura era perfecta, el mar como un plato y el recorrido completamente recto y sencillo. Solo asustaba el calor que hacía fuera para la carrera y quizás un poco el monstruo que lleva Pablete entre las piernas cuando va con Cullotte.

Como ya comprobamos el año pasado, mucho alemán de 3 metros, mucho tatuaje, famosetes, una cantidad ingente de bicis de más de 12.000€ (Shiv, P5, Trinity…. Con Lenticulares Lightweight, Zipp….) y sobretodo, poco pelo en las piernas… Así que el Team Im-In, al menos en este sentido estaba fuera de lugar.

 

Luis, Kike y yo, intentamos dar todos los consejos previos que nos hubiera gustado recibir en nuestro primer triatlón, ya que la logística que rodea a un evento de estos, es mucho más compleja de lo que pudiera parecer desde fuera. Azqueta nos lo agradece a su vez dándonos consejos a los casados sobre como triunfar en Badoo y el mundo de las redes sociales orientadas a solteros.

 

El sábado por la mañana, todos juntos de nuevo realizamos las últimas gestiones y compartimos los últimos momentos de nervios. Contrastaban los lógicos temores de los tres novatos ante la perspectiva de enfrentarse a lo desconocido, con la pereza y el cuestionamiento del “por qué estamos aquí de nuevo” de los que repetíamos y no teníamos realmente objetivos realmente motivadores.

 

El día era una incógnita. Se daba la casualidad de que los 3 nuevos salían 10 minutos antes. Así que en función de cómo nadaran, podíamos llegar a adelantarles nadando, en la transición, o en los primeros km de la bici. Ellos tendrían una referencia de su situación respecto a los otros y además tendríamos ocasión de compartir carrera todos. Por otro lado, sabíamos que Luis saldría algo antes del agua y no le veríamos el pelo. En cambio, Kike y yo estábamos destinados a compartir carrera, o al menos hasta los descensos donde mi bloqueo mental me frenaría sin remedio, hasta el punto que volvería a ser rebasado al menos por Diego.

 

A las 8.30 salieron Diego, Pablo y Azqueta. Seguramente Azqueta saldría algo más tarde, pero eso es otra historia… 10 minutos después, estábamos los tres en primera fila. En ese momento ya se te olvidan todos los pensamientos previos y te centras en darlo todo. Gracias a salir por olas, no hay excesivos manotazos y se puede hacer una natación limpia. Al llegar a la segunda bolla, ya estamos cogiendo a los “gorros dorados” y me voy fijando por si me cruzo con alguno de estos. Me parece cruzarme con Azqueta, aunque no le puedo saludar.

Tengo la sensación de haber nadado fuerte y bien. Pero cuando salgo del agua, mi tiempo es casi tres minutos peor que el año pasado. No me cuadra… (Nos ocurrió a todos, incluidos pros).

En la transición me encuentro con Pablo, que ha salido segundo de los tres. Salgo en la bici y empiezo a rodar sin forzar demasiado, para hidratarme y comer, que se me da fatal…

Justo cuando llevábamos unos 2km de puerto, es decir, en el km 22-25, Kike me da alcance y ya el panorama cambia por completo. Podemos hablar y olvidarnos del sufrimiento. Subimos muy fuerte los casi 13km de puerto engañosos, su supuesto desnivel es del 6% porque incluye un tramo de bajada, pero en realidad tendrá cerca del 8% de media. Subimos adelantando muchísima gente. A mí me viene bien, porque probablemente de no estar Kike hubiera sido algo más conservador y así no me duermo. No me cuesta seguir su ritmo y estoy encantado con la idea de no hacer sólo la carrera.

Nos cruzamos al poco con Diego, que pensaba que se estaba enfrentando al final del largo puerto, cuando en realidad le quedaba los kilómetros más duros. Le preocupa Azqueta, pero realmente el que tiene más cerca es Pablo, que no debe andar muy lejos.

 

Llegamos a lo alto del puerto y se que en ese momento y con los aproximadamente 8km de bajada muy técnica, llegará el bloqueo mental y la razón por la que no iba a ir a Mallorca. Empezaban los descensos y en concreto la parte que más me aterra, que es la que tiene un cortado vertical a la izquierda que me paraliza por completo. Nos deseamos suerte y seguimos… Pero cual es mi sorpresa, cuando veo que mi habitual bloqueo no acaba de llegar. No toco las manetas de los frenos. No solo estoy relajado, si no que estoy pedaleando fuerte y adelantando mucha gente… ¿Qué pasa? No lo entiendo, pero no me he despegado ni un metro de Kike, que no es un temerario bajando, pero tampoco baja despacio.

Llegamos a la parte de las curvas de herradura. Se que desde aquí son 8km de curvas muy peligrosas y aunque llevo una sonrisa de oreja a oreja conformándome con haber llegado hasta aquí, se que ahora me toca frenar…. Pues no. Seguimos adelantando gente y si no vamos más rápido es porque hay muchas bicis paradas en cada curva (por accidente, o avería) y siempre hay dos o tres bicis de gente que va más despacio y hay que ser cauteloso al adelantarlos.

Llegamos a la falda de la montaña y empezamos todo el camino de vuelta. Muchos kilómetros, falsos llanos, bucles, alguna rampa corta muy dura, pero prácticamente 45 km para ir acoplados.

Tras unos cuantos minutos viendo que íbamos SUBIENDO a 55km/h, me acerco a Kike al que siempre seguía por detrás, ya que el iba con cabra y llantas de perfil de 90mm con lo que no me veía con capacidad de marcar yo el ritmo. Le digo que mire el reloj y está flipando como yo… Realmente si no fuera por el puerto, que es duro, hubiéramos marcado una media de infarto.

Nos cruzamos en el bucle con Luis. Para nuestra sorpresa está MUY cerca! No sabemos si porque hemos ido muy fuerte, o por avería. Luego supimos que tuvo un reventón, así que probablemente las dos cosas influyeran.

El final como siempre se va haciendo pesado… Nunca llega y tanto las piernas como la cabeza, tienen pocas ganas de seguir. Aunque pensar en correr, es casi peor…

Antes de llegar, me comprometo a esperarle en la transición y hacer la carrera juntos. Sabemos que tenemos ritmos parejos y ya que no tenemos especial motivación por esta carrera, al menos compartiremos el sufrimiento de los siguientes 21 agónicos kilómetros.

 

Empezamos a correr y quizás marco yo el ritmo inicial. Yo suelo salir fuerte y en cambio Kike suele ser capaz de mantener el mismo ritmo de principio a fin. Empezamos a 4:20-4:30 y al cabo de 4 ó 5 km el ritmo ya va cayendo irremediablemente a 4:50-5. Estamos los dos machacados y con pocas ganas… Hacemos pacto de no agresión, por si las moscas! Entraremos en meta de la manita. Nos lo merecemos…

Me temo que yo no estaba preparado para lo que me sucedió a continuación. Seguramente porque  había perdido las pastillas de sales, el calor extenuante, el casco aerodinámico que es una cazuela etc… Me llevó a deshidratarme por completo. Pasé de estar simplemente machacado, algo a lo que estoy acostumbrado y se controlar, a tener un mareo brutal, similar al de las pájaras, pero acompañado de tirones en todos los músculos y una necesidad insaciable de beber.

Me planteo seguir, ya que realmente lo que me motiva de estas pruebas es superar esos momentos, no hacer mejor, ni peor tiempo. Pero no quiero tener un susto y no me va la vida en ello. Solo me da pena no entrar con Kike en meta. Me hubiera gustado… Pero aun así, ni se me pasa por la cabeza abandonar. Haré el resto andando y se acabó.

En el siguiente avituallamiento de despido de Kike, que está preocupado por mí y se ofrece a pararse. Pero se que estoy controlado y que si me desmayo me atenderán. Me echo litros de agua por la cabeza, espalda, piernas… Bebo varios vasos de Coca Cola, otros de sales. Me meto varios geles y me pondo a andar.

Mis pensamientos pasan por intentar llegar hasta el pueblo y si veo que estoy poniendo realmente en riesgo mi integridad quedarme. Si no, hidratarme más y seguir.

Se me hizo interminable… Andando dando tumbos, con la vista nublada y desorientado. Cuando por fin llego al pueblo me paro… y veo algo que me da un poco de ánimo. En el avituallamiento tienen bebida energética Power Horse, que ya de por si es asquerosa, pero es que además está ardiendo. Me tomo 5 vasos del tirón, más Coca cola, gel, plátano y naranja. Sigo andando y al poco decido intentar trotar. Troto 50 metros y los tirones son brutales. Son generalizados. Pero no quiero rendirme. Ya no tengo la vista nublada. Empiezo a trotar un rato, y andar otro rato x2. Al cabo de un rato, ya soy capaz de mantener un ritmo lamentable, de 6.30. pero constante entre avituallamientos donde me paro a repetir la operación de hidratación.

 

Ya estoy llegando a meta y una vez más me refuerza la idea de vencer a estas situaciones solo con la cabeza. Me encuentro con Pablo. Está fatal… Pero está demostrando un pundonor impresionante. Trota un poco conmigo y me despido, que ya llego y se queda con su calvario personal. Otra vuelta por ese infierno.

 

Llego a meta, dedico mi dorsal a Guillermo Barth y me encuentro con Luis y Kike. Momento de compartir anécdotas.

 

Después supimos que Azqueta nos vio pasar a todos en el agua, que tuvo un accidente a pesar de lo cual hizo buena carrera. Pablo finalizó con éxito, aunque en un estado lamentable (lo que permite disfrutarlo aun más…), Kike consiguió mantenerse hasta el final y Luis también. Ninguno hizo tiempos estratosféricos, pero todos terminamos un medio Ironman, que además por su temperatura y por el desnivel de la montaña, es bastante duro.

Resultados Ironman 70.3 Alcudia 2012

En los próximos días añadiré las fotos.

 

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Sensaciones y pensamientos durante el Ironman

Tras el éxito cosechado por la primera entrega y a riesgo de extenderme demasiado, plasmaré las sensaciones y pensamientos que surgen durante una prueba de esta índole, dejándolo donde acabó la primera entrega: El inicio de la natación.

Angustia. La primera sensación es de angustia. Acabo de lanzarme al agua como si se tratara de una competición de 100m y mi máxima preocupación es no ser arrollado por la ingente masa de atunes que me preceden. Trato de buscar casi desesperadamente una buena posición, pero los brazos apenas alcanzan agua y siempre se topan con algún neopreno, gorro, piernas, etc… Trato de no entorpecer, de no hacer daño a nadie y en cambio no dejo de recibir talonazos, codazos, gente que me pasa literalmente por encima, e incluso en direcciones diferentes ¿?. Me preocupa que un golpe fuerte en la cara me deje fuera de la competición tan pronto y solo deseo que pase esa fase inicial para nadar más cómodo. Quizás todos tengan la misma buena voluntad, pero me cuesta creer que aquel que me acaba de agarrar de la pierna, ese que me ha dado 7 manotazos seguidos, o el de más allá al que irremediablemente me he acercado y ha intensificado las patadas teniendo mi cara debajo, guarde buenas intenciones.

Pero en el Ironman rara vez encuentras agua limpia y soy consciente porque lo he vivido antes. En algún tramo me encuentro más cómodo y consigo nadar, pero generalmente resulta complicado seguir los pies de alguien y adecuarte a su ritmo, que sería lo óptimo. Cada vez que llego a una boya, la situación vuelve a ser crítica y se repiten las montoneras iniciales incluso llegando a pararte, por no mencionar los litros de agua que ingieres. Por todo ello, realmente no se llega a disfrutar demasiado de la natación.
A medida que vas avanzando y los cálculos mentales te dictan que el final está próximo, empiezas a notar la fatiga en los hombros, las molestias en el cuello…. Ya empiezo a estar harto. Quiero que empiece la parte que marcará mi Ironman, la bici. No tengo ninguna información de tiempos y no alcanzo a ver mi reloj, que realmente me aportaría poco. ¿Estaré haciendo un buen tiempo? Imposible saberlo… Me he desviado trescientas veces, con seguridad he perdido mucho tiempo haciendo eses para esquivar gente y he pasado un tiempo importante tratando salir de la red de atunes. Pero sobretodo, sin la información a la que estamos acostumbrados de pulsaciones en relación al esfuerzo, gps y demás, no puedo hacerme una idea de si me he acomodado, he forzado, o que narices he hecho.

Ya veo el final… dicen que es bueno dar patada en los últimos 50m para reactivar las piernas y que circule la sangre. Aprieto un poco y ya antes de salir del agua, he olvidado la “angustia” vivida y estoy pensando en la transición.

Es curioso, no siento nada extraño, pero en cuanto voy a salir del agua noto mareo y desorientación. No me importa y no voy a dedicarle un segundo a esta nimiedad. El tiempo según lo esperado. Bien hecho, ya me he quitado un tercio de la prueba y eso mentalmente es importante. Salgo corriendo y todos me entorpecen. Entiendo que el Ironman es muy largo, pero también es una competición y yo no me sentiría cómodo andando pudiendo correr. Ya andaré en el maratón si no queda más remedio! Busco la cara de Sandra, cuyo aporte anímico será mayor que el de cualquier barrita.

Empiezan los nervios… No encuentro la bolsa, me paso la bici, me pongo todo en desorden. Pienso que debería haber sido más ordenado y cuidadoso, pero lo cierto es que todo estaba donde debía estar y son los nervios los que me están traicionando.

Empiezo a montar… Tengo frío y se que me espera un calvario, pero ahora estoy contento. Empieza el Ironman de verdad y aunque luego estaré machacado, voy a por todas. No me olvido de beber y alimentarme pasados unos km. No puedo olvidar que llevo una hora de natación embutido en un neopreno y eso consume muchos líquidos y energías.

Dedico los primeros pensamientos a mis amigos. Luis suele hacer tiempazos en natación y en la bici va muy fuerte también, ¿Intento forzar para cogerle y hacer la carrera juntos? No sería una buena idea… Haz tu carrera y olvídate. ¿Y Kike? Siempre estamos en un margen de uno, dos minutos en natación, así que tenemos que estar al lado. Me planteo aflojar y dejar que me de alcance, puesto que se por Sandra que delante no está. Podría ser una buena idea si realmente está a un minuto, pero es una incógnita. Va bien en bici y también tiene la información de Sandra, de modo que confío en que él apriete un poco y nos veamos. 180km juntos sería muy bueno… No sólo porque sería mucho más ameno y porque compartir el reto es bonito, si no porque la suma de los dos, aun sin drafting, es superior a la participación individual.

Van pasando los km y no nos encontramos. Dejo de pensar en ello. Ya me dará alcance en alguna subida donde el pelotón se agrupe y me vea, o en algún descenso donde con seguridad será más rápido por mis temores enfermizos al desnivel negativo.

Durante la bici tienes tiempo para pensar en muchas cosas. Casi todo el tiempo lo dedicas a hacer cálculos mentales sobre tiempos y ritmos, recordar el perfil de la prueba para ubicarte y sobretodo, a racionalizar comidas y bebidas.

Salvando los puertos, rara vez me encuentro con pelotones. Veo grupos haciendo drafting y en cierta manera me molesta. Más que nada por incomprensión. Que haya gente que a mi nivel, que se olvide que esto es una competición contra ti mismo me resulta chocante. Allá ellos…

Van pasando los kilómetros y me acuerdo de los madrugones de los sábados y de la intensidad cuasi insana de nuestras salidas para llegar pronto a casa y suplir la carencia de tiempo con la intensidad. Veo que los kilómetros hacen mella en mis piernas y solo de pensar en un maratón me entran escalofríos, pero sigo viendo a mi alrededor a las mismas personas de las últimas 3 horas, así que no debo ir mal. No fuerzo nunca, aprovecho los descensos para dejar de pedalear y trato de no forzar más de lo debido en las subidas que cada vez cuestan más. Noto la rueda de atrás frenada y si me levanto se frena del todo, pero en ese momento desacertadamente decido seguir así y centrarme en no superar el umbral de 145 pulsaciones. Pero las cuestas que normalmente no me costarían, me están matando. Mi capacidad de raciocinio es limitada, o al menos es a la conclusión a la que llegué después. Evitar la rueda frenada hubiera llevado 15 segundos a lo sumo y nunca sabré que implicaciones tuvo esta “avería” a nivel de fatiga.

Pero esto ya está hecho. El miedo a tener algún susto mecánico está ahí, pero ya no me preocupa acabar la bici, si no como voy a ser capaz de correr un maratón entero con las piernas vacías. No es necesariamente malo, porque a 30km del final ya casi das por finiquitada esta sección. Como he hecho durante el resto de la carrera, animo a los animadores. Animo a los corredores que se ponen a mi lado y eso me anima a mí.

En la primera vuelta me encontré con Sandra desgañitándose a gritos. Sentirse acompañado y apoyado te da algo mejor que alas, porque las alas pueden quebrarse. Te da la convicción y la garantía de que pase lo que pase, acabarás. No puedes decepcionarle.

Llegamos al km 180 y me quito un peso de encima tremendo. Esto está prácticamente hecho y aunque sea una idea un tanto ridícula porque lo que te queda por delante es la verdadera travesía del desierto del Ironman, al depender exclusivamente de ti mismo y no de factores técnicos, o ambientales, te da muchísima seguridad y en ese momento sonríes. Voy a por ti.

Pierdo la sonrisa tan rápido como había llegado. Me bajo de la bici y siento un dolor muy intenso. Tan solo puedo cojear. En la bici no lo había notado, pero mi lesión crónica en la cresta ilíaca me está pasando factura.

Tengo la sensación de tener las piernas absolutamente vacías y solo plantearme correr más de 5km me parece una locura, pero de momento me preocupa más el intenso dolor. Aquí es donde realmente aparece el “Ironman”. No es solo una cuestión de estar preparado físicamente, si no de ser capaz de superar los pensamientos negativos que son muchos y los dolores físicos, que son incontables.

Voy a seguir adelante. Decido meter los pensamientos negativos, junto a los dolores ahora de rodillas, de cadera y de tripa, en una caja que almacenaré en alguna parte del cerebro alejada de las funciones vitales. Ahora no tengo que echar mano de otra cosa que no sea mantener ese movimiento repetitivo durante 42km, respirar y poco más. Parece mentira pero funciona. Soy consciente de que el dolor está ahí, pero ya no es algo que me preocupe. No va conmigo. Tampoco el mensaje repetitivo que me incita a parar, que ahora apenas es un zumbido lejano. Correr, correr, correr… Soy un autómata con capacidad de procesamiento limitada. Tan solo me permito el lujo de aminorar hasta andar en los avituallamientos, porque realmente el cuerpo me pide cocacola, me pide geles, plátanos y naranjas. Si me como eso corriendo, perdería la capacidad de respirar y habíamos quedado en que solo tenía dos (correr y respirar).  

Las pequeñas metas son importantes. Además de dar un paso más, que no es poco, me centro en llegar a cada avituallamiento. Están relativamente cerca, pero llegar a cada uno parece un mundo. Vaya tortura… No entiendo como otros dicen que disfrutan de esto. Yo disfruto con la idea de enfrentarme al reto y superarlo. Es cierto que en algunos momentos te sientes bien y disfrutas de lo que se ha convertido no solo en tu afición, si no prácticamente tu única actividad extralaboral. Pero lo único que quieres es acabar de una vez… Miras tu reloj y haces tus cálculos. La cabeza no funciona muy bien y tan solo alcanzo a hacerme una idea de los tiempos que puedo hacer en base a ese ritmo y si puedo apretar, o aflojar.

Veo a Sandra cada vuelta y me anima, aunque esta vez los ánimos y la sonrisa fingida apenas alcanzan a aflorar en mi cara. Me cruzo con Luis, que lleva cara de estar disfrutando aun menos que yo. Demasiado lejos para intentar darle alcance y no me veo con ganas de forzar más el ritmo y sufrir más de la cuenta, cuando he marcado un objetivo ya ambicioso. Veo a Kike y también está lejos, o al menos lo suficientemente lejos como para no motivarme a forzar para evitar ser cogido. Con lo cual me relajo y me conformo con terminar en 10:30 que era el objetivo que alcanzaría al actual ritmo de autómata. Me planteo forzar en algún momento, pero no solo estoy para el arrastre, si no que no le encuentro sentido alguno a acabar destrozado para rebajar una cifra redonda. Lejos quedan las 10h

Cuando quedan 12km doy la carrera por terminada. Se que ya está hecho. De nuevo puede ser absurdo pensar de esta forma, pero se que puedo mantenerme así otros 12km y que es poco probable que me ocurra nada (al menos lo pienso). No siento ilusión, ni alegría… Solo ganas de acabar ya. Nunca más volveré. Nunca más volveré. Esto es absurdo… No se si lo hago para demostrarme a mi mismo algo, para demostrar al resto, si es todo fachada, pero tengo claro que cualquier razón, es insuficiente para estar aquí haciendo esto que es claramente poco saludable, que no disfruto  y que supone tantos sacrificios para mí y para mi familia en todos los sentidos (tiempo, dinero, discusiones, etc…).

Últimos 200m. Sandra me espera ilusionadísima después de llevar 10h esperando este momento y haberse pegado el madrugón igualmente. Esto se lo debo a ella. Entramos en meta, en megafonía se oye “Gustavo… YOU ARE AN IRONMAN” y la descarga es total… No hablo de alegría, hablo de lo que debe sentir un monje cuando alcanza el estado de plenitud. Un estado zen. Hablo del camino del Samurai, cuando alcanza el grado de sabiduría que le otorga una serenidad inmesurable. De Santa Teresa de Jesús al llegar al éxtasi. De Nadal tras ganar una final de Gran slam de 5 horas. De Contador al ganar un Tour, de U2 tocando en Wembley, de… Bueno, creo que lo habréis captado. Lo has conseguido. No te queda una gota de energía en el cuerpo (de hecho no te queda hace horas), pero todas aquellas presiones, todos esos nervios de desvanecen. He vencido de nuevo al coloso. No eres nadie en comparación conmigo y eres tú quien debe temerme.

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Sensaciones previas a un IRONMAN

Todos los relatos acerca de experiencias ligadas a las competiciones suelen versar sobre la prueba en sí.
Dado que no hay mucho escrito sobre las sensaciones y pensamientos que surgen antes de una prueba de esta índole y yo lo he echado de menos, publicaré lo que yo he experimentado en anteriores Ironman y 1/2 Ironman:

Son las 4 de la mañana. No he necesitado esperar a que suene el despertador para estar en pié, lo cual es un claro indicativo de que mi aparente tranquilidad, es pura fachada.

Empiezo a ser relativamente consciente de que ha llegado el momento. Para mí es un día importante. Quizás desde fuera parezca una banalidad, pero yo he depositado muchas ilusiones e invertido muchas horas para fracasar ahora. Fracaso… ¿Qué sería para mí un fracaso? Para mí fracasar sería no haber llegado aquí, o no terminar si no es por causa mayor. Pero lo cierto es que esto no es un reto individual. Familia, amigos, conocidos… Muchos están al corriente y te acompañan en cierta medida. Todos ellos esperan que hagas algo grande, que mejores tus tiempos, que ganes a tus amigos, o tener una anécdota que contar a terceros.
Todo ello, contribuye a incrementar la presión y buscas en tu interior por esa sensación de fortaleza que por alguna razón consideras que debes sentir antes de enfrentarte a un reto físico tan importante. Pero no hay nada. No te sientes fuerte, ni flojo, solo una sensación extraña que te esfuerzas por canalizar de forma positiva.

Te disfrazas de triatleta, revisas lo revisado 100 veces antes y vuelves a revisar, con la sensación de que algo te estás dejando (y probablemente sea así…). Desayunas lo que consideras conveniente, también con dudas… es la única comida del día, ¿Estaré comiendo lo adecuado? ¿Será poco, mucho? Bebes y vuelves a beber. Son solo las 5 de la mañana pero tienes que quedar con tus amigos, e ir a la zona de boxes a preparar y revisar el material.

Hay que pasar por el baño. No es opcional, o voy ahora, o luego será un problema. Llevo pasta en la tripa de una semana y ahora un abundante desayuno… No hay forma y esto implica necesariamente pasar posteriormente por esa cabina de plástico que acumula las desgracias de otros 2000 triatletas con la misma incapacidad. Que sea como tenga que ser, pero no quiero más elementos que temer en la carrera.

Caminas hacia boxes. Literalmente miles de triatletas enfundados en sus trajes de neopreno transitan por las calles. Aun es noche prácticamente cerrada y la imagen es realmente curiosa. Gestos serios, que esconden los mismos temores y ambiciones que tú. Por alguna razón en ese momento consideras que seguramente eres el menos entrenado y con menos posibilidades, aunque tus tiempos digan lo contrario.

De nuevo nervios al encontrarte con la bici. Por favor que no haya problemas técnicos… Por Dios que no pinche… Que no se me rompa la válvula ahora… Aquí los nervios llegan a su momento álgido, porque ya no queda nada. En cualquier momento van a llamar para salir de boxes.

Te centras en recordar donde está tu bici para encontrarla después con facilidad y colocar las bolsas de la transición en algún punto donde sea difícil que se caigan. Pero tus esfuerzos son en vano. Apenas recuerdas tu nombre, como para pensar en localizar una bolsa entre 2500.

Por fin llegas a la playa, en mi caso con mis dos compañeros y amigos Luis y Kike. Compartimos los últimos comentarios de aliento y dudas acerca de la mejor posición para salir. Mis pulsaciones en reposo son de 38 y ahora están en 90. Imposible apreciar en otro escenario tanto nervio contenido bajo rictus serios que se presupone debemos mostrar los hombres de hierro. Pero ahora ya si, por fin, esos nervios comienzan a convertirse en energía positiva y si bien sigues teniendo esa misma sensación de incertidumbre, es mayor la determinación y las ganas de disfrutar de este, tu momento. Un momento que independientemente de lo que signifique para los demás, para ti implica redefinirte como persona. Si puedo con esto, podré con cualquier cosa.

 

PUMMM!

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Deportes y retos extremos

En la primer edición de la renovada revista de lamoraleja.com (Antes Real State Magazine, REM), publicaron un artículo que escribí acerca de los deportes y retos extremos. Será el primero de muchos, en los que tendré ocasión de animar a la gente a acercarse a la práctica deportiva y porque no, a dar a conocer algunas de las pruebas y retos que tanto me atraen.

Así mismo han publicado en la página web una versión abreviada del artículo. Podéis verla aquí

A continuación, el artículo íntegro:

Quizás sea la crisis económica, o tal vez podamos encontrar el origen en el estrés laboral que sufrimos en nuestro país por una, en mi opinión, invertida escala de prioridades. Pero lo cierto es que en los últimos años la afición por los deportes de riesgo, los retos extremos y las disciplinas de ultra-resistencia se han visto incrementados de forma exponencial.

La búsqueda permanente de los límites físicos y mentales es intrínseca al ser humano. No hay una razón objetiva para explicar porque miles de deportistas amateur deciden someter a su organismo a un castigo tan severo,  sin obtener rédito alguno.

Pero lo cierto es que si hay una explicación. Todo “FINISHER” (calificativo que recibe el que acaba prueba de ultra-resistencia), obtiene algo más que el reconocimiento puntual y una medalla. Superar un reto de esta índole, exige un nivel de implicación y disciplina absoluto, que generalmente se compagina con el trabajo y familia. Entrenar durante horas sin importar las inclemencias, el cansancio, o el dolor.
La clave está ahí. Es habitual escuchar que el día de la prueba es una fiesta. Es el día en que se celebra que se ha recorrido el camino con éxito. Acabar es solo una consecuencia de lo primero y tras los nervios previos, el atleta se encuentra con una calma y serenidad absoluta.

Me atrevería a decir que no se vuelve a ser la misma persona tras un reto extremo. La confianza y seguridad en uno mismo se incrementa y redefine tus capacidades y límites, para cualquier ámbito de la vida.

Actualmente se celebran pruebas extremas semanalmente, en diferentes modalidades y disciplinas. La zona norte no es ajena a este boom y en La Moraleja no es complicado encontrar entrenando a un nutrido grupo de “FINISHERS”, agrupados bajo el nombre de “ImIN”, que aprovechando los medios digitales, comparten retos, anécdotas, temores y planes de entrenamientos.

Como muestra para ilustrar algunos de los retos más llamativos y extremos de los que se celebran tanto en nuestro país y fuera de él, me serviré de sus experiencias:

IRONMAN:
Triathlon de larga distancia, consistente en nadar 3.8km en aguas abiertas, 180km en bicicleta, y un maratón de 42km.
Está catalogada como la prueba desarrollada en un día más dura del mundo. Ideada por tres comandantes en Hawaii, en una disputa por dilucidar que disciplina era más dura y por tanto que deportista podía considerarse más completo.

Foto: Gustavo López van Dam (Ironman Austria)

MARATHON DES SABLES:
Ultramaratón de 251km. 6 días de autosuficiencia, bajo unas condiciones climatológicas extremas y en el terreno hostil del desierto del Sahara.

Foto: Enrique sendagorta

QUEBRANTAHUESOS:
220km por el pirineo Aragonés, con 5 puertos de un desnivel positivo, solo aptos para ciclistas con una capacidad de sufrimiento fuera de lo común.

TITAN DESSERT:
Entre 350 y 500km de navegación según año, durante 6 días, por el desierto del Sahara marroquí en bicicleta de montaña.
Nació para emular el París-Dakar y se ha convertido en una de las pruebas ciclistas de mayor reclamo internacional.

PEDALS DE FOC:
220km de orientación y autosuficiencia  por el Pirineo Catalán en bicicleta de montaña. Circuito duro y espectacular a partes iguales, en una batalla contra el reloj.

Todos estos retos de superación personal, reúnen un factor común: Están compuestos por deportistas amateurs que deciden exprimir la vida y que aprecian el medio natural que nos rodea.
Lo que comienza siendo un reto deportivo, termina convirtiéndose en una filosofía de vida, no exenta de sacrificios, a la que cualquier persona con la suficiente motivación, puede acercarse.

Si alguna vez la duda ha surcado tu mente, lánzate. No pongas excusas banales. Aprenderás y disfrutarás del camino y si no llegas al final, podrás decir con orgullo que mientras otros se dejaban llevar por la deriva, tu corriste para vivir.

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Club de Triatlón IM-iN

Desde que nos planteamos nuestro primer Ironman, Luis Baón, Enrique Sendagorta, Jorge Navares y yo formamos una lista de distribución de mail, a través de la cual compartíamos información, dudas, temores, competiciones y posibles retos futuros.

Con el tiempo muchos amigos, así como nuevas amistades que surgían a raíz de las salidas en bici y las competiciones, fueron interesándose por participar en alguna prueba de larga distancia y en dicha lista.

Un acontecimiento fortuito, como fue la insensatez de Juan Antón, un amigo de hábitos poco saludables y estado de forma bastante lamentable (al menos para plantearse un reto de tal exigencia), quiso apostar a que era capaz de realizar un IM en un periodo no superior a un año.

Esta circunstancia contribuyó a que quisiéramos dar de alguna forma mayor entidad a lo que veníamos haciendo de forma oficiosa. Creamos con la indispensable colaboración de un crack mediático, Antonio Chacel, un blog con el objetivo de compartir un plan de entrenamiento orientado al Ironman de Frankfurt, de forma completamente altruista, elaborado por Luis, así como fotos y anécdotas del grupo

El tono del blog, así como el de las listas de mails, se aleja de la seriedad de cualquier club que se precie de serlo y de hecho muchos pertecemos a clubs de triatlón, como es mi caso (Ecosport Alcobendas).  Por tanto el compromiso de cada uno de los integrantes, empieza y acaba donde la dignidad le permite

En los pocos meses de vida del blog, hemos conseguido que un nutrido grupo de triatletas estén sólidamente preparados y se planteen como objetivos para 2012

  • Ironman de Frankfurt
  • Tristar Portocolom
  • ½ Irornman de Alcudia
  • Extrememan Getxo
  • Maratón de NY
  • Maratón de Madrid
  • Pedals de Foc
  • Quebrantahuesos

Así como otras pruebas menores que tienen como finalidad el ganar experiencia

Espero que os guste. Ser todos bienvenidos: http:im-in.blogspot.com

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Pedals de Foc en tres días.

Hace unos meses un insensato, (por desconocimiento, e inexperiencia que no por demencia) conocido como “V”, nos propuso realizar una prueba de dureza extrema conocida como Pedals de Foc en su versión Non-Stop: 220km por el Pirineo Catalán, rodando en su mayor parte a altitudes más aptas para los rebecos y gamos de la zona, que para cicloturistas mediocres como es nuestro caso.

Como algo de experiencia en pruebas de resistencia si tengo aunque no de está índole, ya aclaré que no es una prueba apta para nosotros y menos para él, que estaba empezando en el mundo de los “pedals”. Pero Pedals de Foc se puede hacer también por etapas (3-8 días) y por tanto la opción de 3 días podía ser muy interesante para todos. Desde la web rezan: “Etapa en 3 días, sólo para Bikers expertos” y nosotros somos bikers y expertos, aunque no las dos cosas juntas.

Como es un grupo bastante lanzado, no tardamos mucho en reunir un grupo de 7 jinetes dispuestos a ser partícipes de tal hazaña. Todos comprometidos y todos igual de ingenuos.
Todas las crónicas que leíamos al respecto, eran claras: No hay tiempo para la diversión en la opción 3d. Pedalear sin parar desde primera hora de la mañana, hasta el anochecer. Nosotros contábamos además con otro inconveniente… La prueba en tres días se suele hacer en Agosto, cuando la luz del día abarca desde las 7 hasta las 21.00pm. Por tanto nosotros dispondríamos de 3 horas menos.

Después de las razonables dudas respecto a logística, alimentación y ropa técnica, todo estaba encaminado y nos presentamos allí con las 7 bicis en una Mercedes Vito (después del viaje todos queremos una), una tonelada de barritas y geles (según las crónicas los pueblos por donde se pasa están abandonados) y todo tipo de sustancias probablemente ilegales para mejorar el rendimiento y recuperarse tras las palizas diarias.

El primer día empezó mal… empezó mal especialmente para mí y por ende para el resto. Por un lado, esa misma semana había tubelizado las ruedas y una de ellas reventó con un adoquín levantado… El día anterior la cambiaron y no había sellado bien… Por otro, con tanto trasiego me dejé el camelback con el líquido, las barritas, el abrigo y las luces en Baqueira en casa de uno de los participantes y por tanto no podría recuperarla hasta el último día ya que cada día duermes en un pueblo diferente.
Si sumamos esto, que salimos ya de por sí un poco tarde y que desayunamos como marqueses, el resultado es que no estábamos en marcha hasta las 10.30am en la boca sur del puente de Vielha.

Los primeros kilómetros fueron desastrosos… Además del frío y la lluvia, en primer lugar, tardamos otra media hora en solucionar el tema de la rueda, que terminó con una cámara de 26” que sorprendentemente cupo (la rueda es de 29”). Tras esto, pasamos de mirar el roadbook y nos pusimos a subir como locos cuando en realidad había que bajar. 2-3km después reculamos y retomamos el camino. Un camino incómodo, de piedra y roca suelta, algunas roderas y tramos no ciclables.

Diego pierde el tornillo de una de las calas, que parece una tontería, pero puede resultar desastroso. Milagrosamente llevo uno de repuesto… aunque posteriormente se le da la vuelta la “tija pija” (tija telescópica). No tiene sentido, lo sé, pero el hecho es que la tija estaba dada la vuelta y hay que desmontar y montar sillín.


En 3h hemos avanzado 20km y el día es corto, así que siendo conscientes de que no íbamos a llegar, aprovechamos el primer punto de control (Vialler) para tomarnos sendos bocadillos y unas cervezas.

Pinta muy mal… Son 75km los que hay que completar. Pero pronto aprendemos algo que se repetiría a lo largo de los 3 días: Nuestras medias se incrementan en subida! La razón es sencilla, cuando subimos, somos constantes. No nos paramos y los problemas técnicos se minimizan.


Empieza el buen tiempo y con las subidas el buen ritmo. A lo largo del día nos esperaban 3 subidas duras. La primera es larga y el desnivel es ya destacable. Pero es la primera y la afrontamos bien. Después de perdernos por segunda vez, afrontamos la segunda por carretera.

Esta es más dura en lo que a desnivel se refiere, pero al ser por carretera se hace bien y es corta, además de tener premio al final de la misma (sello en el librito en Casa Joano, Irán).

Poco después se firma el siguiente sello en Castellars, a 15 de ascensión llevadera y tras esto afrontas la última subida… que era un auténtico infierno… Interminable, intraccionable (este término no existe, pero es aplicable). Infinitos caminos rotos de miles de piedras que te impedían dar una pedalada limpia y ni un solo momento de descanso en todo el ascenso. Algunos ponen pie a tierra y otros nos mantenemos en pie, ya que no es tanto una cuestión de técnica, si no de forma. Cuando por fin termina el ascenso y nos reagrupamos con la desesperación reflejada en las miradas, comienza la bajada que es tan incómoda como la subida. En cualquier momento se puede perder el control sobre la rueda delantera y tener un buen susto.
El infierno acaba. Ya solo nos queda un largo descenso por carretera hasta nuestro pueblo. Un pequeño pueblo en mitad de la nada, donde nos esperan en una acogedora casa rural. Como siempre, se nos hace de noche y afrontamos el descenso con los frontales, disfrutando de una preciosa noche, del silencio y con el buen sabor de boca de haber conseguido finalizar la primera etapa a pesar de haber pasado momentos de tensión, e incertidumbre.

Por la noche algunos doloridos temen lo que nos espera en días posteriores. La organización ha cambiado nuestra ruta y el segundo día, el de por sí más duro, consta de casi 20km más. Por mi parte en cambio espero encontrarme mejor, ya que llegaba tocado del entrenamiento de la semana y así fue.

De modo que para el segundo día no cometeríamos el mismo error. Nos ponemos el despertador pronto, gracias a lo cual conseguimos ver la fórmula 1, pero desde luego no salir antes…
Nos espera el tan temido Col de Triador. 12km de subida con un desnivel importante y después la larga cuerda que une todo el sistema montañoso. Pero antes y aunque pasaba desapercibida en el roadbook, tenemos otro ascenso largo, tramos muy técnicos que es inevitable hacer andando y puntos conflictivos donde la orientación nos juega alguna mala pasada.


Tras no pocas dudas respecto al sendero escogido, llegamos a la base de la montaña para dirigirnos pedaleando con brío hasta la base del Coll, donde nos espera el primer punto de control (hotel Montseny). Para no perder las formas, nos metemos para el cuerpo sendos bocatas y cervezas para afrontar el Triador con algo más de optimismo.
El Triador… que decir del “Traidor”… Cualquier subida sabe a poco después del infierno de las piedras del día anterior (habrá quien le gusten), pero el Triador es laaaaaaaargo…. Muuuy largo. El desnivel es duro y a veces muy duro, pero se hace. El problema es que no acaba nunca y cuando llevas ya 250 zetas estás hasta las narices.

Las vistas son espectaculares pero llega un momento que lo único que quieres es cambiar ya de postura y de lugar.


Como todo ascenso, este también termina y además en la mitad de tiempo de lo que habíamos leído en los blogs (más de 3h!).

Pero íbamos en preaviso de lo que nos esperaba. La cuerda es también muy larga y monótona. Así que afrontamos los otros 10km con esto en mente. Ya sin agua, tiramos de las fuentes manantiales procedentes de la montaña, no sin temor de sufrir una intoxicación por alguna res muerta (afortunadamente no fue así).
En la cuerda también hay un par de subidas largas, pero tendidas. El cansancio acumulado va haciendo mellas en algunos. En cambio a mí el ritmo suave del día anterior, me ha permitido descansar las piernas del entrenamiento de series de la semana y sin duda me encuentro mucho mejor.

Terminada la odisea de Triador y la cuerda, llegamos a la estación de esquí de Spot. Un descenso larguísimo que se puede hacer y se hace a velocidades vertiginosas. Como gran temeroso de los descensos, debí dejarme las pastillas de ambos discos.
Aun nos queda un ascenso “corto” y durillo que nos llevará a un pueblo precioso: “Son”, no sin antes perdernos Tony, Jimmy y yo por camino pedestre por el que decidimos adentrarnos para hacerlo más bonito y evitar este tramo de carretera.
Llegamos a nuestra parada de noche (again), cenorrio, madrugón y volvemos a salir relativamente tarde (again). El equipo decide alargar la ruta tras el ofrecimiento del gerente del hotel de subirnos de nuevo a Son, para coger desde ahí el “Bosque de Gerdar”, un parque natural espectacular, que implicaría incrementar unos 20km la ruta, pero merece la pena.

Ya hemos pasado lo peor. Esto ya está hecho. Nos quedan 65km mucho más llevaderos. Los primeros por el increíble parque natural.

Los siguientes por Montgarry, tan bonito como lo anterior.

Disfrutamos a cada pedalada y nos damos un merecido y caro homenaje en el refugio “Amics de Montgarry), sabedores de que ya estaba todo hecho.

Nos queda un tramo de subida hasta la estación de esquí de Beret y vuelta a Vielha. Desde ahí y hasta Baqueira, al verme en un momento sólo, aprieto y subo a buen ritmo con increíbles sensaciones hasta la estación.


Tras reagruparnos, ya solo nos queda la bajada. Yo me pierdo todo el descenso (que no echaré de menos) porque decido ir sólo a Baqueira a por el camelback y bajar por carretera a Vielha. Es la forma menos traumática para el resto y viendo las laderas de la montaña por donde van a bajar, me temo que el vértigo no me iba a permitir disfrutar demasiado…


20km después, nos reunimos en Vielha y vamos a por nuestros merecidos maillots, donde nos esperaba una jugada de dudoso gusto de la organización en forma de abultada factura extra, que prefiero obviar en esta crónica.

Lo mejor: La aventura, el afrontarla con amigos que disfrutan de las mismas cosas que tú. Los paisajes y parques naturales, el no cruzarse con nadie durante decenas de km, los animales y como no, el reto deportivo superado.
Lo peor: Poco en realidad… La distancia que separa Madrid de Vielha y un pequeño detalle feo de la organización en el trato y la resolución de un conflicto relacionado con el exceso de equipaje.
Recomendaciones: Hacerlo en verano para asegurarse de que no hará mal tiempo y que los días son largos. Llevar todas las prendas técnicas porque en el mismo día pasamos de estar nevando a pasar calor en manga corta. Mejor doble rodadora que rígida. La versión 3 días es razonable, 4 me parece demasiado y más no le veo mucho sentido (en general). La versión Non-Stop, es para desequilibrados y seres de otra especie.

Nota: En los próximos días incluiré los nombres de los pueblos, puertos, cols y parques naturales… Tengo memoria de pez.

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